martes, 29 de abril de 2008

Blonde ambition

El pasado viernes, tuve que recurrir a una profesional en la materia para obtener una afirmación definitiva sobre algo que debería resultar evidente a todo el mundo: soy rubio. Rubio que no rubio oscuro, como muchos dicen.

Consciente de que puede parecer una cuestión baladí a los ojos de muchos de los lectores, pero lo cierto es que mi identidad es importante para mi y mi color de pelo forma parte de esa identidad.
Lo cierto es que sucedió fortuitamente cuando mi peluquera, de ahora en adelante gran amiga, me confirmó que técnicamente, empleando una paleta de color de cabello oficial, soy rubio. Inmediatamente llamé a todos aquellos amigos y familiares para comunicar la feliz noticia y para exigir un respeto como tal: Ya está bien de cuestionarme cuando menciono mi color de pelo.

Cuando uno dice que es rubio inmediatamente la gente espera que tengas el pelo como un sueco, o como Marilyn Monroe y asumen que cualquiera que no tenga el pelo prácticamente albino, no es rubio. O es rubio oscuro, un eufemismo para ‘castaño que fuera rubio antaño’. Lo cierto es que el color rubio es, en contra de lo que pudiera parecer, un tono más bien oscuro y con muchas escalas de intensidad.

¿Por qué razón nadie le discute a los que tienen el pelo negro azabache, cuando afirman que son castaños – ni siquiera castaño oscuro- , y arremeten sin piedad contra los rubios del sur de Europa? ¿Qué hay en el ‘ser rubio’, que nos convierte en objeto de controversia?