viernes, 25 de abril de 2008

Las Series

Sex and the City, House, Lost, 24, Heroes, Grey’s Anatomy, Nip / Tuck, CSI son algunos de los ejemplos más recientes y globales de este nuevo fenómeno televisivo y social. Las nuevas superproducciones televisivas se emiten por capítulos, generan adeptos por todo el mundo y su realidad sobrepasa nuestras pantallas: no sólo se han convertido en temas de conversación entre amigos, son auténticos integradores sociales.
Las series de televisión han existido desde los albores de la televisión. Mientras en la España de los ochenta aún se emitía la Carta de Ajuste, en Inglaterra se producían series de gran éxito como Yes Minister, The Young Ones o Blackadder; cargadas de un humor ácido e incisivo eran un auténtico retrato de la sociedad inglesa. Los Estates le iban a la zaga, con grandes producciones como Dallas, Dinastía y Falcon Crest en las que el lujo, la ambición y el poder eran los auténticos protagonistas.

A mediados de los noventa, el gran fenómeno televisivo fueron los Realities. Programas de televisión en los que los participantes eran destripados y se mostraba sin pudor todas sus miserias. Las series de televisión quedaron en el rincón oscuro del salón esperando su gran momento. Desde hace unos años, se han convertido en los actores principales en el reparto del prime time televisivo.

Si bien esta nueva hornada de series televisivas puede recordarnos a sus antecesoras, lo cierto es que su alcance y repercusión social son totalmente diferentes. No sólo generan una importante audiencia, como hicieran sus predecesoras, mueven a las masas, generan tendencias y originan unos negocios secundarios – rutas turísticas, merchandising, producciones cinematográficas de primer nivel – nada desdeñables. Sus protagonistas son auténticos iconos citados, emulados y perseguidos por los televidentes.

¿A qué se debe el extraordinario éxito de estas entregas por fascículos? ¿Se trata de un ejemplo más de la necesidad de comprimir los momentos de ocio por escasez de tiempo? ¿Son las series de televisión, una nueva religión? ¿ Hasta qué punto se confunden sus personajes con la realidad?