viernes, 9 de mayo de 2008

Caminando con Jesús Moncada


Desde hace unos días, estoy leyendo una auténtica obra maestra: Camí de Sirga, de Jesús Moncada. Se trata de un libro que, con el mejor catalán escrito que yo haya leído en mucho tiempo - superando ampliamente a renombrados clásicos de la literatura catalana como Pla, Rodoreda o Martí Pol - narra la historia de un pueblo que se enmarca en las tierras entre los ríos Segre y Ebro; la narración es una telaraña que se teje a partir de los recuerdos y los pensamientos de sus habitantes. Retratista perfecto de una época, Jesús Moncada consigue transportar al lector a esas tierras como si de una película se tratase.

Nacido en la Franja de Aragón, en Mequinenza, Moncada es un virtuoso del catalán y es merecedor de todos los premios que a lo largo de su demasiado corta carrera, un cáncer le segó la vida a los 64 años hace casi 3 años, le han ido otorgando.

Considerado por la crítica uno de los principales representantes de la literatura catalana moderna, Moncada no es un nombre que aparezca en los libros de texto escolares y debería ser lectura obligatoria. Su prosa, elaborada, musical y opulenta, muestra una clara pasión por la lengua con la que logra un hiperrealismo asombroso.

¿Hasta qué punto la fama es una buena medida de la genialidad literaria?¿Quién ha convertido a los actuales iconos de la literatura nacional e internacional en estandartes de la profesión de escritor? ¿En un momento en que la lectura es un pasatiempo en declive, existe mercado para las novelas literariamente elaboradas o buscamos distracción sin complicaciones?