lunes, 5 de mayo de 2008

El puente sobre el río Kwai



Cuando originalmente idee el post de hoy, éste debía ser un retrato en parte cómico y en parte descriptivo de lo que había sucedido en mi esperadísimo, ansiadísimo puente de mayo con mis amigos en el recóndito Fachadolid. Lo cierto es que se había creado una agenda bastante apretada de actividades tanto exteriores - quads, excursiones por el campo, visitas al monasterio de la Santa Espina y el museo de los aperos, paseos a caballo, paintball, entre otras - como interiores – degustaciones gastronómicas, juegos de mesa varios, gimnasia, etc - por supuesto, todo ello sin contar el número de días en exceso que necesitaríamos para poder terminar el planning.

Poco me podía barruntar yo que en el trayecto Madrid – Ribera del Duero iba a subirme la fiebre hasta convertir las ya largas cinco horas – gracias al inevitable atasco de todo puente – en una delirante y dantesca agonía que terminara conmigo colapsando en un punto de la geografía española en el que habita una parte de la corona de Cristo. Evidentemente no hubo quads, no hubo caballos y mi mayor degustación gastronómica se servía en sobre, con sabor deleznable y la saboreé cada seis horas: Espidifén 600.

Existen momentos en los que el destino confabula a nuestras espaldas y convierte lo que debería haber sido un saludable fin de semana en el campo, en una maratón de fármacos y sudores. Una lástima.

¿Hay una cuota de fin de semanas fallidos?¿Qué medidas de seguridad y/o aislamiento son razonables con el fin de intentar garantizar unos días de placer sin contratiempos?