En psicología se conoce como síndrome del coche nuevo a esa sentimiento que nos invade cuando vemos que otros han hecho lo mismo que nosotros en el mismo momento. Al comprarnos un coche, es inevitable ver el mismo modelo repetidamente; al quedarse embarazadas, las mujeres tienden a ver bebés por todas partes. Se trata de una predisposición del ser humano a ver aquello que le preocupa o le concierne con mayor asiduidad, como una mejora de nuestra capacidad de observación puntual.Mientras un porcentaje importante de nuestro entorno celebra abiertamente su vida en pareja, una nada desdeñable parte restante se compadece de una soledad no deseada abocándose al juego de la seducción con tenacidad baturra. Mientras que los primeros se esfuerzan en retener, los segundos intentan obtener. Acción, reacción.
En las veraniegas calles de nuestras ciudades, abundan los cuerpos bronceados, florecen las siluetas lánguidas y llueven sonrisas de quirófano en una mueca de complicidad feli
z. Lo cierto es que vivimos en una sociedad que venera la imagen personal. Independientemente del estrato social, del género, la raza, la religión y de la sexualidad de uno, los hombres y mujeres de hoy, y del mañana, realizan poderosas inversiones en productos de cosmética, moda, dietas y cirugía entre otros "activos” cuyo rendimiento, para algunos, está exclusivamente vinculado a la vanidad. Se han generado infinitos negocios que avivan el fuego de la obsesión por la imagen generando estándares casi imposibles de alcanzar; image consulting, personal shoppers, cool hunters, trend setters, personal trainners y otros muchos nuevos vocablos conforman la actual plétora de servicios disponibles al inversor adinerado.
¿Son los negocios relacionados con la imagen una reacción a la actitud generalizada de la población o son los verdaderos instigadores de ésta? ¿Seguiríamos adorando a las Tres Gracias de Rubens si no existiesen los grandes imperios del lujo y la belleza? ¿Cómo se mide la rentabilidad de estos activos? ¿Existe el síndrome del coche nuevo o la era de la información mueve nuestra voluntad a su libre albedrío?



