jueves, 30 de abril de 2009

New Yorkers from Spain!!!

Como algunos de vosotros sabéis, Facebook no conoce fronteras, en algunas horas tomo un avión para irme a pasar unos días de vacaciones en NY con unos acompañantes sin parangón: La Condesa y su consorte Vincenzo y Manu, nuestro expatriado en Colombia favorito. La eterna Gran Manzana, con su perfecta sonrisa de complicidad feliz, nos espera para dar rienda suelta a nuestras fantasías y locuras habituales pero en un marco incomparable.

A nuestro regreso, pasado el puente del trabajador al que honrraremos dilapidando nuestros escasos ahorros, traeré notícias frescas y prometo actualizar más el blog. Besos y abrazos por doquier!

--- English Version

As some of you already know, Facebook is such a powerfull tool, in a few hours I'll be getting my flight to NYC to spend some days with a company out of this world: La Condesa and her consort Vincenzo, and Manu, our very favourite expat in Colombia. The Big Apple with it's perfect smile is waiting for us to let our fantasies and madness become true but in such an amazing frame.

As soon as we get back, right after the Worker Day whom we will honour by spending our tiny savings, I'll bring some fresh news and I'll keep this little space updated more often. Hugs-n-kisses to you all!

lunes, 20 de abril de 2009

Mother and son!!

¿Quién no ha arrugado el entrecejo de una madre? Desprovistas del romanticismo de antaño, la profesión de madre hoy es posiblemente la peor retribuida y sin embargo brinda una satisfacción tal que muchas mujeres incluso repiten. Lo cierto es que la tarea de educar a un hijo es un camino arduo lleno de ingratitud en algunos momentos y de una felicidad incontrolable en muchos otros.

Tras meses de tortura física inimaginable, las mujeres consiguen alumbrar en último hálito de fortaleza para escalar, inmediatamente, los cerros de una vida de dedicación completa. Ni los llantos nocturnos ni la completa dependencia física enturbian la gentil e inocente sonrisa de un bebé, que consigue despertar las más intensas emociones en el seno de una madre convirtiendo su estabilidad en un espejismo. Al llegar a la adolescencia, mientras nuestras madres se sumergen el socorrido curso de ‘esta casa es mía y aquí no se viene solo a dormir’, nuestro fervor nos aleja levemente pero a lo largo de los años, tras inciertas batallas y aliviantes reconciliaciones, descubrimos que el amor de una madre a un hijo es un conveniente remanso de paz entre las turbulencias de nuestro día a día. El abrazo de una madre es un revitalizante sin parangón.

Lo cierto es que al madurar, solemos descubrir que el abandono del nido es un camino sin retorno que suele comportar un pequeño alejamiento pero que termina al descubrir que en nuestros hábitos y costumbres solemos reproducir los patrones vividos. Por más arrebatos que hayamos vivido, en nuestros actos más cotidianos podemos ver las manos de una madre hasta que incluso el espejo resulta tan revelador.

¿Quién no ha hecho enfurecer a una madre? ¿Cómo es posible que las madres suelan tener razón? ¿Sabéis que vuestra casa no es un hotel? ¿Qué sentís cuando descubrís gestos de vuestros padres?

PS: Un año con el blog y ni me di cuenta!

-- English version
Didn’t we all annoy our mothers at least once? Being a mother today is not as romantic as it used to be, besides is probably the worst paid job and yet has such a big pay back that so many women repeat. Truth is, raising a child is such a hard road to drive full of ingratitude in some moments and an uncontrollable happiness in some others.

After a few months of physical torture, women make it to deliver a baby in a very noticeable effort to start climbing, right away, the hills of a life fully committed to someone. Neither the sleepless nights nor the complete physical dependence can draw a shadow on an innocent baby smile that wakes up all the feelings in the mother’s heart. As we cross the adolescence, we step back while our mothers get into the ‘this is my place, those are my rules’ seminar but as time goes by we finally realize that the love of a mother is a convenient peacefull place for our daily turbulences. Hugging a mother, all our troubles seem to vanish away.

As we become adults, we discover that leaving the family place is a way with no return that may involve a little distance that will end as soon as we realize that we are reproducing our parents habits and gestures.

Didn’t we all irritate our mothers? Why are they always right? Do you know that your place is not a hotel? What do you feel when you see your parents in yourselves?
PS: On year with this blog already, and I didn't even notice it!!!

miércoles, 15 de abril de 2009

1st Blogernational Menswear Fashion Day !!

¿Qué tienen en contra de la moda masculina? Cuando leí que Lorentzo proponía un día dedicado a honrar a la casi olvidada moda masculina se agolparon en mi mente múltiples post para secundar tan justa iniciativa: una pretenciosa retrospectiva de la moda masculina, desde los birretes renacentistas hasta las últimas creaciones de Lucas Ossendrijver, pasando por el peculiar concepto de alta costura masculina de Tom Ford; un somero análisis de la influencia que la visión gótica de Riccardo Tisci ha tenido en nuestra vestimenta o una disertación del impacto de Thom Browne al acortarnos los pantalones del traje mientras nos estrechaba las americanas eran algunas de las alternativas más plausibles. Por mi naturaleza sofista, he optado por subrayar los tres motivos básicos por los que deberíamos seguir más la moda masculina independientemente de nuestro sexo, profesión y ubicación geográfica.

En primer lugar, los hombres también nos vestimos. Por más que pretendan autoconvencerse que las tendencias no influyen sus hábitos, los hombres de hoy han perdido la elegancia de un buen sombrero, el lujo de los bordados en sus levitas o la conveniencia del bastón. Enfundados en unos vaqueros o en pantalones de algodón, las tendencias en moda masculina consiguen superar el ostracismo mediático y modifican inexcusablemente la amplitud de nuestras perneras, nos rodean con nuevos tejidos y despiertan nuestro lado más alegre de la mano de reinventados estampados. Si la liberación de la mujer vino en pantalones, la del hombre parece venir con un Vogue bajo el brazo.
Por otro lado, la moda masculina existe. Nos guste o no, las grandes firmas de la moda destinan cantidades ingentes de recursos a la creación de colecciones enteras para caballero que pasan desapercibidas por la mayoría de los medios de comunicación. Comúnmente relegadas a especialistas o a fanáticos, las tendencias masculinas navegan entre neblinas sin que lograr el eco que se merecen tildadas, a menudo, de estridentes e irrealistas. Como cualquier creación, su propia existencia viene condicionada por la naturaleza subjetiva de lo estético y bien sea para criticarla o para ensalzarla, debería tener una repercusión proporcional al impacto real que tiene. Cómo saber si nos gusta un cuadro, sin mirarlo detenidamente?

Finalmente, la vestimenta ha condicionado la historia de la humanidad de modo innegable. Las libertades de la mujer de hoy han ido acompañadas por el acortamiento de las faldas, la aparición del pantalón y el revolucionario bikini entre otros hitos; el hombre, por su parte, abandonó el colorismo y la riqueza de tejidos desde la Revolución Francesa para sumergirse en una sobriedad estética desconocida hasta entonces. Hoy, sin embargo, podemos afirmar que la vasta oferta existente posibilita que el cromatismo inunde nuestro vestidor.
¿Qué tienen en contra de la moda masculina? ¿Cómo fomentar más las tendencias en moda masculina? ¿Creéis que la moda para hombre resulta funcionalmente pobre? ¿Por qué apenas existen publicaciones accesibles de moda masculina?

-- English Version

What’s going on in menswear fashion industry? Since I very read Lorentzo’s beg on his fabulous blog, I’ve been wondering how to honour male fashion market in my blog properly. Should I write an essay on the evolution of our attire or should I rather describe the influence of Lucas Ossendrijver, Tom Ford, Riccardo Tisci and Thom Brwone in our current closet? At the end, after a very sophist analysis, I decided to highlight the very three reasons why we should pay more attention to such a market.

First of all, because we men dress ourselves as well. As much as some men try to convince themselves that fashion has no influence in their lives, since they are not wearing a masculine old-fashioned hat, yet none of them carries an elegant walking stick, clearly they are mistaken. Regardless of what they wear, trends change the stretch of our pants, they provide us new textiles and enhance our mood with some reinvented patterns. Women’s liberalization was wearing trousers, but men’s carries a Vogue.

Besides, let’s face it: Male fashion, itself, exists and so should show the media. Believe it or not, fashion emporiums spend loads of resources to build up collections for men that tend to have no media impact at all leaving any interest to the so called fanatics or specialists. As any creation, its own existence is deeply conditioned by the subjective nature of aesthetics, hence for either criticize or adore it, it should have the impact it deserves. How can we know whether we like a piece of art or not without watching it?

Last but not least, our past is strictly related to history of clothing. Some of the big cornerstones in women’s race to equality were the globalization of the trouser and the bikini, among many others. In our case, we quit the colour and the rich textiles right after the French Revolution and we entered in the era of minimalism. Nowadays, thankfully, we can put some colours in our closet again.

What’s going on the male fashion market? How can menswear trends be highlighted? Do you think that male fashion is poor? Why are they very few magazines oriented to this market?
Fotos from Style.com

lunes, 13 de abril de 2009

Addicted to love!!!!

¿Quién decidió llamarle amor al sexo? Hace ya cierto tiempo que descubrí que tras los turgentes cuerpos que muestran las pantallas del mundo, se ha dado rienda suelta a una adicción que aun siendo igualmente devastadora, por no estar relacionada con sustancias ilegales, no es víctima de un juicio tan severo: la adicción al sexo. Nip/Tuck, Californication, o el pésimo drama nacional, Diario de una ninfómana, han retratado a la perfección la ansiedad incontrolada de los que la padecen y como su gula es incapaz de saciar su apetito, conduciendo por caminos insospechados a más personas de las que creemos. Y es que, ciertamente, al conocer los placeres de la carne, andamos un camino sin retorno.

Antiguamente, en la corte de Carlos III, las mujeres casquivanas debían coserse unos picos de color pardo en sus faldas para ser claramente identificadas y así, cuando el hombre deseara la obscenidad de los placeres extramaritales, la búsqueda sería más fácil y rápida. Las cortesanas más afortunadas, hermosas y talentosas doncellas con pocos prejuicios – e incluso los efebos cuya belleza digna de epopeya enloquecía a los más bravos- , gozaban de lujos asiáticos en contraprestación por sus ignominiosas artes y su irreverente hermosura. Las unas tildadas de prostitutas, los otros de ayuda de cámara. Claramente, su labor era proveer de placer explorando terrenos incomprendidos en las fronteras del matrimonio escribiendo, a la vez, algunos de los capítulos más picantes de nuestra historia.

Con la liberalización de la mujer y el progresivo laicismo que ha ido atemperando nuestra sociedad, las prostitutas más afortunadas se han convertido en acompañantes de lujo mientras la inmensa mayoría puebla las carreteras comarcales, con una silla de camping, despreciadas y despobladas del misterio y el glamour de antaño. Qué esperaban, una historia romántica retozando entre matojos?

¿Por qué le llaman hacer el amor cuando quieren decir sexo? ¿Creéis que existe como tal la adicción al sexo? ¿Debemos colgar la letra escarlata en las mujeres y hombres de vida alegre? ¿Es el sexo la heroína del siglo XXI?

-- English version

Who decided to call sex love? In the last few years, I’ve realized that behind the defined bodies in our screens, we have now accepted to show on the telly an addiction that, since it doesn’t necessarily involve substances abusing, it is widely socially accepted: the addiction to sex. Nip/Tuck, Californication or even the terrible national drama: “A Nymphomaniac Diary”, they have all defined with Swiss precision the uncontrolled anxiety that moves whoever suffers it and how their gluttony finds no end driving them down to unexpected lanes. Truth is, once you’ve tried the sweet flavour of lust, you’re down in a way with no return.

In Charles’ III court, all scatterbrained women had to stew some brown triangles on their skirts to be easily identified so when any man looked for the obscene pleasures that no married women would provide, the search could be straightforward and fast. The luckiest ones, talented and beautiful ladies – or even gorgeous boys that turned on the bravest ones – were comforted with piles of presents as a reward for their work and beauty. The first ones, were called prostitutes, the second ones, Chamber Assistants. Clearly, their job description involved providing pleasure exploring the unknown boundaries of marriage whilst they wrote down some of the spiciest chapters of our history.

Ever since the women liberalization become true, and given the current laicism that we live in, the most fortunate prostitutes are escorts while the vast majority stays in secondary roads, with nothing but a camping chair, yet no glamour or mystery left. What were they expecting, a romantic story in the woods?
Why do we call it make love when we really mean sex? Do you thing that there is the so called sex-addiction? Should we hang on them the Scarlet letter? Is sex, 21st Century’s heroin?
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martes, 7 de abril de 2009

Colours or Black/White

¿A qué tenemos miedo? Tengo la teoría que en los últimos años la humanidad ha desarrollado infinidad de aversiones, miedos, temores a cosas que anteriormente tenían un efecto claramente diferente sobre nosotros. Temerosos crónicos, no somos siquiera conscientes del embriago de nuestros miedos, diría yo. Uno de los ejemplos que más me llaman la atención es la indudable fobia a los colores que padece una grandísima parte de nuestros contemporáneos que posiblemente negarían categóricamente si se les sometiera a un interrogatorio.

Como sabéis, cromofobia significa una aversión a los colores y no podemos negar que ciertas personas son incapaces de abandonar una convencional paleta de colores en sus hábitos resultando completamente impensable incorporar según que tonos a su vestimenta. A pesar de que en las últimas temporadas, los diseñadores han intentado combatir ese oscurecimiento y convencionalismo rescatando tanto para mujer como para hombre colores vivos como el azul Klein, potentes magentas y otras contadas incursiones en el círculo cromático, el negro, el azul y el beige siguen siendo protagonistas en nuestras calles despertando los incautos que desafían la masa, punzantes miradas reprobatorias. Puede que en Semana Santa el morado vista a nuestros santos, pero el negro es sin duda el color de los mortales.

¿Dejamos de llevar colores en nuestro atuendo por el miedo a destacar? ¿Os habéis sentido observados por llevar colores atípicos? ¿Qué os parecen los tonos llamativos en las paredes de una habitación? ¿Creéis que los colores reflejan un estado anímico?

-- English version

What are we truly afraid of? My theory says that in the last few years humans have 'developed' some unknown fears, phobias perhaps, that drive us to a state where we panic of things that used to have a very opposite effect on us and we don’t even know what shake us! Among the zillion examples available, one of my favourites is the unspoken phobia to colours that a major part of our contemporaries suffers in silence. True story!

As you all know, chromo phobia means to be afraid of colours and we certainly can’t deny that probably too many people is unable to abandon the conventional tones in their habits specially when it comes up to outfits. Although many designers have tried to fight such a reality both for men and women with powerful colours such Klein’s blue or fuchsia, still black, navy and beige are the very leaders in our streets today. Purple may dress our Catholic Saints on Easter, but definitely black is the colour for all other mortals.

Do we dress conventionally because we are afraid of outshining? Did you ever felt that people stared at you due to the way you dressed? What do you think of bright tones on the walls? Do you think that colours show our mood?