jueves, 28 de mayo de 2009

A lonely flower in a clift!

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¿Conocéis el nombre de esta chica? Icono de tímida belleza de finales de los años 40, Capucine– nombre por el que habitualmente se recuerda a la hermosa actriz Germaine Lefebvre – merece un pequeño homenaje en mi blog al ser uno de los claros ejemplos de Personajes Ilustres injustamente olvidados y una de mis artistas favoritas. Delicada flor de origen francés, sus primeros pasos fueron en Paris, ciudad en la que empezó una prometedora carrera de modelo para los más grandes de la época: Christian Dior y Givenchy. Fue precisamente en ese momento cuando coincidió con la eterna estrella y también musa de Givenchy, Audrey Hepburn, convirtiéndose ésta en amiga y báculo de la actriz francesa hasta sus últimos días.

Divorciada de un escueto matrimonio, se trasladó a Nueva York donde fue rápidamente descubierta y enviada a la naciente Hollywood para convertirse en la estrella que merecía ser. A principios de los 60, su carrera profesional comenzó a despuntar convirtiéndose en protagonista de varios largometrajes mientras su vida personal se hundía paulatinamente en las arenas de su tristeza a pesar de sus múltiples romances. No fue hasta 1962, al aceptar un papel en El León, cuando conoció al laureado William Holden – célebre actor, padrino de boda del Presidente Reagan y fundador del prestigioso Mount Kenya Safari Club para jet-setters – con el que sostuvo una secretamente conocida relación amorosa durante dos años y cuyo fin la condujo de nuevo a Europa. Capucine, quien paradójicamente padecía un trastorno bipolar que la llevó a diversos intentos de autolisis, era además conocida por su afición a las prendas reversibles; tal vez la recordéis cambiándose en un ascensor dejando atrás una identidad y convirtiéndose en una nueva mujer en cuestión de segundos. No sé si no se trataba de una llamada de auxilio.
Conocida también como Simone Clouseau – por su brillante interpretación en la hilarante trilogía de La Pantera Rosa – la que fuera nominada a un Globo de Oro terminó sus días en 1990 con 59 años tras saltar desde la 8ª planta en la que vivía. Sin más descendencia que tres gatos, esta actriz no dejó dibujos warholianos o premios para ser recordada, ni familiares o amigos para mantener su dulce esencia, pero aún así, muchos la recordamos como una solitaria flor de acantilado.

¿Conocíais la historia de Capucine? ¿Habéis visto las antiguas películas de la Pantera Rosa? ¿No creéis que debía ser terrible competir con Grace y Ava por más talento que tuviese?
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Do you know this lady’s name? A shy beauty icon in the late 40s, Capucine– the gorgeous actress formerly known as Germaine Lefebvre- , deserves a tribute in my blog as she is a capital representative of the Celebrities unfairly treated by our so-called everlasting memory and one of my favourite artists ever. As the delicate French flower she used to be, her first steps in the business were in Paris, as a promising model for the bigger couturiers of the era: Christian Dior and Givenchy. It was precisely during those very early stages, when she crossed her path with the eternal sunshine of the decade and also a Givenchy’s muse, Audrey Hepburn, and the resulting friendship lasted until the very ending of the French actress.

Short after that, following a six-months-marriage, she moved to New York City where she was promptly discovered and sent to Hollywood to become the star she was meant to be. In the early sisties, her professional career seemed to rocket performing leading roles in several major motion movies whilst her personal life was already melting down, nonetheless of her multiple affairs. Little did she knew when she was asked to join The Lion (1962) cast, that she was about to become the lover of Hollywood’s Golden Boy: William Holden – a famous actor who also was President Reagan’s best man and founder of the Mount Kenya Safari Club, a world famous oasis for jet-setters in Kenya -, but he never abandoned his wife and their relationship collapsed a couple years after and she ended back in old Europe. Capucine, who paradoxically was diagnosed with a bipolar disorder that dramatically leaded her to several autolysis attempts, was always identified in the big screen as a reversible clothing lover; you may picture her changing clothes inside an elevator, leaving an identity behind and becoming a whole new woman in a matter of seconds. And I’ve been wondering, was it an SOS call?
Also known as Simone Clouseau –thanks to her brilliant performance in the hilarious Pink Panther trilogy-, this Globe Award nominee succeeded committing suicide in 1990 at the age of 59 by jumping from her 8th floor apartment in Lausanne. At her death, she left no survivors rather than three cats but her films reached all the corners of the globe. Unfortunately, her contemporaries outshined Capucine, including her pal, and now she has no Warholian pictures nor film awards to be remembered for, no relatives nor friends alive to keep her sweet essence with us. Still, many of us will remember her as lonely flower in a cliff.

Did you know Capucine? Have you ever seen any of the old Pink Panther movies? Wouldn’t it be hard to compete with artists as Grace or Ava nonetheless how talented she was?

martes, 26 de mayo de 2009

It's kinda magic: Exploring our cities!

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¿Habéis encontrado vuestro propio Tiffany’s? Al vivir en el corazón de una gran ciudad, como mayoría de nosotros, a menudo nos encontramos en el límite de nuestra cordura antes de caer en la cuenta que el silencio y la paz son una necesidad, no un lujo. La pesadez de un drama personal, una emocionante y reveladora película o el toque de una barita pueden desvelar nuestros sentidos y hacernos ver la luz en la ventana como el asombroso fenómeno que es. Ciertamente, el mundo se divide en urbanitas amantes del asfalto y feroces detractores del hormigón pero, así como ambos coinciden en la belleza de un día en el campo sin hacer más que observar la vida pasar, pocos son los que verdaderamente pueden perder el compás.

En el centro de nuestras ciudades, justo ante la mirada perdida de unos ojos cansados, hay infinidad de lugares que como si de un sortilegio se tratara, nos atraen sin motivo aparente; son lugares únicos en los que nos sentimos resguardados y sabios; dónde todo termina en su lugar y en los que contamos con la fortaleza necesaria para derrotar nuestros fantasmas y miserias. En ocasiones, sentimos una inconsciente necesidad que nos urge y nos conduce a estos pequeños santuarios dispersos por la ciudad. Algunos de estos enclaves son ya clásicos como el popular puerto, una vieja tienda de libros o una cafetería en boga, pero otros son extraños y permanecen ocultos en la profundidad de la jungla como los preciosos tesoros que son. Hay millones de esquinas en nuestras urbes esperando a ser descubiertas, las hemos rodeado infinidad de veces y algún día nos daremos cuenta de cuán especiales pueden llegar a ser.

Con frecuencia, algunos de estos lares están vinculados a memorias ya prácticamente olvidadas, a imágenes que nos golpean la cara tan pronto como cruzamos su umbral, a olores que nos recuerdan quiénes fuimos y a sueños que nos muestran cómo queríamos ser. Con el tiempo, aprendemos a ignorar estas llamadas y a mantener el paso sin acritud en nuestra mirada amarga, para entonces determinar que ya es hora de tomarnos unas merecidas vacaciones.

¿Tenéis algún lugar favorito en el que escapar del mundo? ¿Os habéis levantado alguna vez con el cuerpo anacoreta? ¿Tenéis planificadas ya vuestras vacaciones?

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Did you find your own Tiffany’s, already? Living as most of us do, in the heart of big cities, we sometimes need to find ourselves on the edge of the reason to suddenly understand that silence and peace are a need and not a luxury. A personal drama, a touching movie or the twist of a magic wand might be the wake up call we require to finally see the light coming through the window as the stunning phenomenon it really is. Certainly the world is split in two by urban lovers and fierce detractors, but both of them always appreciate the beauty of a relaxing journey in the countryside doing nothing but watching the miracle of life whilst just a very few are ready to loose the beat.

In the very crowd of our cities, right in front of our blinded eyes, there are plenty of places that have a spell on us; they are unique locations where we feel safe and wise; where everything goes to its own place and where we’re strong enough to blow off all our fears and miseries. Every once in a while, we unconsciously feel the urge that rush us into these little sanctuaries widely spread all over the city. Some of those spots are already classics like the popular harbour, an old bookstore or a hyped coffee store but some of them are very rare and remain hidden in the deepest jungle as the precious treasures they happen to be. There are thousands of corners in our cities waiting to be discovered; we may have walked by them a million times yet one day we’ll finally realize how special they were meant to be.

Eventually, some of those places are quite linked to particular memories that we have left behind; images that every single time slap on our faces the minute we walk in; smells that remind us the way we were and dreams that show us what life should be. As time goes by, we learn how to ignore the calls and we keep walking with the head held high yet no regret in our bitter eyes whilst we decide it’s time to have our much deserved vacations.

Do you have any favourite magic spots to escape from the world? Do you ever feel like an anchoret? What are your plans for this year’s vacations?

jueves, 21 de mayo de 2009

Call me Dr Love!!

-- Spanish version (English below)
¿Hay algo más estresante en la vida que una cita a ciegas? En estos días en que explotan los termómetros y parece que nuestras hormonas han seguido el tirón, es el momento de pasar a la acción. Rodríguez del mundo: empieza la operación bañador!! Esconded el mondongo y empezad con los fondos en la oficina, es la hora de poner cremita. Una de las principales labores de un amigo como Dios manda, es la de velar por nuestra absoluta felicidad. Celebraciones y eventos puede recordarlos cualquiera – todos tenemos Facebook queridos, la memoria es una commodity sin valor – pero después de litros de alcohol y de hacer la cobertura, es el momento de pedir vuestra merecida recompensa: pedidles a vuestros amigos que os preparen una cita y sabréis qué clase de gentuza se presenta en casa sin avisar.

Como muchos sabéis – bueno, sabéis que sé que lo sabéis; todos tenemos un pasado a olvidar, Belle-de-jours – hay tres áreas fundamentales en una cita, especialmente en las primeras citas: quién, qué y dónde. En primer lugar, nosotros debemos ser los absolutos protagonistas sin que resulte demasiado evidente. Posiblemente algunos amigos os recomendarán que demostréis interés en vuestro acompañante pero creedme, eso únicamente os conducirá inexorablemente a la desilusión y, tras un día de penosa rehabilitación de fachada por un bien mayor, ¿realmente queréis arruinarlo todo con preguntas cuyas respuestas no queréis saber? Demostrad un muy ligero interés y sonad fabulosos y posiblemente tendréis una segunda cita para ver con qué tipo de despojo de la naturaleza habéis quedado últimamente; si no, culpad a vuestros amigos; deberían saber cuál es vuestro tipo y por lo tanto tendrán que compensaros por semejante atropello! Qué desfachatez!

Otro punto importante es qué ponerse. Efectivamente, se trata de un tema sujeto al clásico prueba-error así que ya podéis descartar vuestra primera, segunda y tercera opción: seguro que son mejorables. De nuevo, debemos ser los totales protagonistas pero no es un buen momento para resaltar nuestra excentricidad o convencionalismo, si los hubiere. Olvidaos de los sombreros y los tejidos extraños pero no es necesario que representéis Amo-a-Laura; señalad vuestro gusto exquisito con sutileza pero tampoco perdáis mucho tiempo en ello, todos conocemos la misión y no es aparecer en Sartorialist. Para terminar: el lugar. Os recomiendo que toméis la iniciativa y escojáis un lugar cálido pero no excesivamente romántico y completamente fuera de vuestras posibilidades, por supuesto. Pedid vosotros la cuenta y al acercarse el camarero, abandonad la mesa. Con suerte, no sacaréis las manos del bolsillo hasta que estéis fuera del local. Bonne chance!


Si mis inestimables consejos surten efecto, permitidme daros mis más sinceras condolencias; si no es así, y habéis visto un potencial, compartid por el amor de Dios! ¿No se supone que somos amigos??

¿No os resulta extenuante la preparación de una cita? ¿Cuál es vuestra anécdota más salá? ¿Tenéis algún consejo para el mundo?¿Tenéis citas compulsivamente?


-- English version

Is there anything as stressing as a blind date? Mercury has rocketed and so our hormones did; but for the singles in town, this goes further than hiding your belly. Fasten your belts and clean up your rooms, we have clear skies to a “happy-ending story”. Clearly, among the many, many duties of a proper friend – and I’m definitely not talking about the so called best-friends wannabes, often too self-involved and non-productive at all for those matters - one of the most important to do’s, yet almost always forgotten, is to look for our complete happiness. When it comes up to birthday presents and important events there is no doubt that they will be right by our side, at the end of the day we all have Facebook and memory is just a valueless commodity; but after thousands of Gin-and-Tonics and wing-men hours, now is time to ask for a deserved payback: ask your friends to set up a date for you and you’ll know how to label them. Trick or threat?

As you might know – Ok, you know I know you know; we all have a past, there is no need to deny it, my dearest Belle-de-jours -, there are three basic areas to think about regarding dates and they all are equally important especially when we don’t know our date-to-be: who, what and where. First of all, it has to be all about yourself, but without being too obvious. Some people will say that you should show much interest on your partenaire but trust me, that will only lead you to disappointment and honestly, you’ve spent the whole day getting ready just to have some fun, don’t spoil it with your stupid questions. Show little interest and sound überfabulous and you’ll probably have a second date to find out who the fuckitty fuck you’ve been seeing lately; otherwise blame the stupid self-called friends who set you up: do they know you an inch at all, bloody bastards!!!!


Another relevant point is what to wear; as a matter of fact, it should be a matter of study and rehearsal, so forget your first, second and third choice, always! Once again, it has to be all about ourselves but this is no time for being neither eccentric nor boring; hence, no hats or strange fabrics, you weirdo, but there is no need to stick to the blue. Point out your fine taste subtly and don’t spend too much time on it, we all know what you’re looking for, and it's definitely not being in Sartorialist, you dirty-minded-little-beggar. Finally: the place where the date will take place. I strongly recommend you to take the lead on that and look for a fancy place, neither too romantic nor too cold and, of course, completely unaffordable. Ask for the bill and leave the table fast when the waiter comes; if you’re lucky your hands won’t leave your pockets there.


If it works, let me give you my deepest condolences; if it does not, and you’ve seen some potential there, share it for the love of God! Aren’t we supposed to be friends???


Don’t you get exhausted getting ready for a date? What’s your funniest date ever? Do you have any tips that you’re willing to share? ¿Are you serial daters?

martes, 19 de mayo de 2009

Rich men also cry !!

¿Estamos al borde de un ataque de pánico colectivo? Navegando a merced de los múltiples medios de comunicación, las mujeres y hombres de hoy vivimos sometidos a una presión sin parangón. Los múltiples conflictos armados, la desoladora pobreza en la que viven millones de seres humanos a un lado y otro de las cada día más invisibles fronteras y la incertidumbre ante un colapso económico de magnitud desconocida son sólo algunos de los ejemplos que pueden venirnos a la cabeza. Conscientes de la afortunada situación en la que muchos nos encontramos, no podemos más que menospreciar nuestros problemas ante la dimensión de los ajenos.


Recientemente, en mi pequeña incursión en la Gran Manzana, mi íntimo amigo Manu – un ya conocido y brillante representante de la cooperación internacional española en la demasiado lejana Colombia – me hizo reflexionar sobre la incesante comparación a la que sometemos nuestros pesares. Lo cierto es que en estos días que nos tocó vivir, los flujos de comunicación mueven nuestros pensamientos a su antojo, generando un en nosotros un desconcierto vital que nos acongoja sin que seamos plenamente conscientes. A menudo, sentimos sobre nuestros hombros una carga indescriptible que nos obliga a arrastrar los pies mientras, con la mirada baja, intentamos positivizar el latigazo.


Ciertamente, al concentrarnos en lo positivo de nuestra situación, nuestro lastre se convierte en algo más liviano, llevadero; no obstante, ignorar nuestras sensaciones únicamente nos conduce a extremos incontrolables que nos despiertan del letargo dolorosamente. Dicen que las comparaciones son odiosas, más cuando no las ponderamos estadísticamente, pero acaso no son el pilar básico de nuestra sociedad de bienestar?

¿Acaso estamos todos al borde de una crisis de ansiedad colectiva? ¿Qué podemos hacer cuando somatizamos una desconocida angustia? ¿Es egoísta por nuestra parte, priorizar nuestras miserias?
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Are we all about to have a global panic attack? Living as we do, sodomized by the astonishingly powerful media, today’s men and women live under an unknown but real pressure. There are several armed conflicts all across the globe that we honestly can’t understand; every single day millions of people live below the poverty line at one side and the other of our currently invisible borders and there is this uncertainty of a financial break down that obsesses us; among many other examples on top of our very personal miseries. As we realize how phenomenal yet is the situation we currently live in, we can’t help but underestimate our problems comparing them to others’.


Recently, in my definitely too short trip to NYC, my dearest friend Manu – a brilliant representative of Spanish International Cooperation who lives in the too-far-for-me Colombia – opened my eyes to the facts: we can’t stop comparing our problems to an average that appears to be always, far, far away. As we all know, the powerful media condition and move our beliefs and opinions randomly driving us to a shadow where anxiety becomes the leader and where our strongest thoughts loose their historical relevance. Every once in a while, we feel an invisible but heavy weight on our shoulders and we struggle to keep walking with the head held high as they spank us.


Somehow, as we focus on the positive side of our situation, our burden is magically lighter but the more we ignore our problems, the more extreme becomes our position and when the wake up call rings, the pain is physically unbearable. They say comparisons are odious but, aren’t they the main root of our welfare society?


Are we all about to live a collective panic attack? Is there anything we can do when this unknown anxiety becomes physical? Are we being selfish when we focus on our miseries?

jueves, 14 de mayo de 2009

How hard to be a Posh!!

¿No resulta duro estar espectacular permanentemente? Al devenir un icono en un grupo de amigos o de compañeros de trabajo – por alguna razón, son los otros quienes tienen el derecho y el poder para erigirte y para destronarte como tal – se entra en un penoso camino sin retorno. No se permiten errores en el camino a la perfección; sin importar lo que cueste, sencillamente no hay lugar para las equivocaciones. Sin salvedad. A nadie le importa si has estado batallando durante catorce horas para dar a luz y no has tenido la oportunidad de tomarte una larga ducha y un reparador sueño, o si la expulsión de un bebé gigante te ha desgarrado en dos y el dolor se ha cincelado en tus ojeras; en cuestión de minutos, una colonia de familiares crueles y allegados varios, acamparán en tu habitación y, tras un par de cumplidos al bebé – con suerte -, se ensañarán contigo directa e inesperadamente. Los años de mirar por encima del hombro tienen un alto precio, corazón!

Ciertamente, al cruzar el umbral de lo comúnmente aceptado, al resultar nuestra apariencia muchísimo más estudiada que la de cualquier persona de nuestro entorno, la condición de ser humano se disuelve en el camino para realizar cualquier tipo de sacrificio por un bien mayor. Cuando pensamos en lo que implica ser un/a posh, no podemos evitar pensar en Victoria Beckham. Cantante picante y amante esposa, poco se podía imaginar enfundada en sus mediocres modelitos de antaño, que se convertiría en una fuente de inspiración para mujeres de todo el planeta por sus atrevidos estilismos y modernos cortes de pelo – que hemos visto en más cabezas que la calva franciscana -. Debo confesar que desde que vi “Victoria Beckham coming to America” no puedo dejar de pensar si verdaderamente se trata de una mujer divertida que tomó un arduo camino en la vida – especialmente para andarlo sobre Louboutins, o sencillamente una necia. Ser una posh requiere un nivel de perfeccionismo que sobrepasa lo exclusivamente físico, es una forma de entender la vida como un camino de auto-castigo que no aboca en la satisfacción personal. ¿No os parece agotador?

El suplemento del País del pasado domingo, recordaba que los perfeccionistas, en su incesante voluntad de lograr lo inalcanzable, se obsesionan de tal forma que terminan conduciéndose a si mismos por un camino que no conoce la felicidad. Algunos estudios señalan la niñez como origen del problema al recibir, la caricia, el te quiero y el aplauso, al demostrar la excelencia en algo. Como decía Mario Benedetti, La perfección es una pulida colección de errores.
Os consideráis unos perfeccionistas? Hasta qué punto prestáis atención a vuestro atuendo? No estaría bien desconectar de vez en cuando?

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Isn’t it hard to look always gorgeous? Once you become a style icon in your group of friends or colleagues – trust me, you can’t just do it yourself, somehow untrained people have the right and the power to nominate you – you are just walking down a way with no return. There are simply no flaws permitted in the road to perfection, no matter what it takes or what it means, there is no room for mistakes. No exceptions allowed. Needless to mention that no one cares if you have been struggling for fourteen hours to deliver and you really never got the chance to take a shower or a nap; or if you’ve been split in two by a gigantic child coming out of your body; in a matter of minutes a colony of cruel relatives and so-called-friends will settle in your room and after a couple compliments to the baby, they will finally highlight how terribly awful you look, yet with not pregnancy gloss left. All the times you’ve been looking them over the shoulder have a high price to pay, pumpkin!

Trust me when I say that once you have crossed the line of what’s commonly accepted, once your average outfit is way more studied than no one else’ you know, you leave your human being condition behind and then any sacrifices are worth the price. Whenever we picture what means to be a posh, we can’t help but see Victoria Beckham. Little did she know when she posed on stage with her girlfriends that she was about to become a fashion icon, an inspiration to many women all over the world for her trendy hairstyle and the well-known and adventurous outfits. I must confess that ever since I watched “Victoria Beckham coming to America”, the TV show, I can’t help but wonder whether she is an amusing person who just happened to choose a hard path to walk, specially wearing Louboutins, or just a dummy. Certainly, being a posh means to become a perfectionist in all that matters and not only when it comes up to the physical appearance; somehow is as a way of understanding life as a self-punishment hike that never leads to personal satisfaction. Isn’t it just exhausting?

Last Sunday’s newspaper brought up again the fact that perfectionists, in their incessant aim to pursue the unreachable, become obsessive to an extend that drives them to a tremendous displeasure that dramatically conditions their existence until they treat their addiction. Some studies point out childhood as the source such an addiction as they generally receive the applause, the stroke and the “I love you” whenever they succeed on something. Mario Benedetti said once: Perfection is a collection of mistakes.

Do you conceive yourselves as perfectionists? To what extend do you pay attention to your appearance? Wouldn’t it be nice to chill out sometimes?

lunes, 11 de mayo de 2009

Gimme, gimme more!!!!

Acaso no nos merecemos un pequeño receso de vez en cuando? Amanece en Nueva York y estamos prestos para adentrarnos en una selva de lineales y feroces comerciales. Mientras en algunos lugares del mundo, retozando en la dulce melaza de la autocomplacencia por una incomprendida crisis, nuestros bolsillos se cierran y las sonrisas se desvanecen en una mueca, las calles de NY son una marabunta de refugiados buscando nuevas experiencias mientras ofrecen al mundo su mejor aspecto. Señores, la era de los harapos viejos pasó, estamos en el 2009: meted cintura que lo ajustado se lleva de nuevo. Puede que no podamos irnos de vacaciones durante una temporada, pero creedme si os digo que dejaremos una huella indeleble en nuestro asfalto. Y en nuestras cuentas!

Justo cuando la mayoría de los países se esfuerzan por vencer en la primera ronda a una plúmbea crisis, el mundo se estremece por los efectos de una gripe porcina y con mirada acusatoria apunta a Méjico y los Estados Unidos – parece increíble pero el NAFTA está presente en nuestra mente sólo en epidemias – y cuatro jinetes del Apocalipsis deciden encontrase en su más reverenciada Meca. Ondeando la bandera de la auto-indulgencia y en nombre del clásico ‘¿total, para qué trabajamos?’, iniciamos una cruzada contra los mayores enemigos nunca conocidos: el aburrimiento y la ansiedad. Nuestras prácticamente deshechas tarjetas de crédito fueron nuestra única arma en una batalla cuyo cruel resultado era predecible con antelación: volveríamos, felices pero pobres. Y así fue, cargando un equipaje demasiado pesado para confesar, nos dirigimos a casa con una amplia sonrisa ignorando la magnitud del desastre. A morir por Dios, vamos!

Algunos estudios señalan que en tiempos difíciles, después de recortes masivos que merman nuestro confort y felicidad – para qué negarlo – tendemos a ofrecernos pequeños presentes de lujo, recordatorios de un pasado mejor que no percibimos como regalos puesto que se han convertido en necesidades fundamentales en nuestro andar. Son necesarios como el comer, si yo lo sé!

¿De veras no nos merecemos un pequeño receso? ¿Al final, no debería ser la vida amarga y también dulce? ¿No deberíamos, nosotros sustentadores de la economía mundial, recibir algún pequeño beneficio por nuestra incuestionable labor social?

-- English Version

Don’t we all deserve a little treat? Sun rises in NYC and here we are, ready to explore the jungle. While in some places of the world the sweet self-pity of a non-understandable crisis shuts our pockets and vanishes our smiles, the streets of The City are crowded of refugees willing to look phenomenal and to have the greatest time ever. Some people might not be able to go on vacations for a while after that, but there is no way in hell we stop looking gorgeous until we start our very own garage sale. Tie up your shoes mates; sure this is going to be the hike of your lives!!!

As all countries were struggling to win the first round against an overwhelming crisis, right when the world started panicking due to the so called Swine Influenza, putting their eyes on Mexico and the States– unbelievably the NAFTA is only in our minds when it comes up to pandemics – four young travellers decided to meet up in their very special and revered Mecca. Holding a flag in the name of self-indulgence, we started our very own crusade against the biggest enemies known today: dullness and anxiety. Our practically melted down credit cards were our only guns in a battle to death where the outcome was cruel yet predictable in advance: we would get back poor but happy. So we did, carrying quite an embarrassingly heavy baggage, we headed back home with a wide smile in our face, unknowing the magnitude of the disaster.

Some studies point out that when it comes up to harsh times, after a radical cut off, we tend to offer ourselves a small luxurious gifts, little reminders of what life used to be that there are no longer perceived as presents yet they become basic needs to be fulfilled to move along. “Just because it ‘is’, doesn’t mean it should be”.

Don’t you think we all deserve a little treat? At the end of the day, isn’t life supposed to be sweet and bitter? Shouldn’t we, world-economy-supporters, get a little benefit – rebates, by the way - of our responsible acts?

jueves, 7 de mayo de 2009

New Yorkers from Spain 2 !!!

¿Quién no tiene un punto extravagante? Tras unos días de vacaciones en la renovadora Nueva York, he aterrizado en la tierra del gazpacho y la paella con una idea clara: yo soy un NewYorker de Dios! Si el Sr. Montilla aseguró en su campaña electoral que era un Catalán nacido en Córdoba, personalmente me considero un Neoyokino de la vida nacido en la ciudad Condal; las cosas del directo supongo.

Ciudad mayúscula donde las haya, en sólo cuatro días uno no puede recorrer la ciudad entera pero sí impregnarse perfectamente del idealismo propio del sueño americano que ésta rezuma, bañarse en las aguas del cosmopolitanismo y ser más auténticamente genuino que en ningún otro lugar del planeta. Efectivamente, al recorrer las calles de esta metrópolis sin parangón, uno no puede más que apreciar en ellas que las marismas de transeúntes están inundadas de personajes curiosos que siquiera alzan la ceja de quien se les cruza. En NY uno puede ir con un traje de luces con un cuenco de frutas por sombrero y sin despertar las risas de quienes con aparente desdén le rodeen; lo harán en la privacidad de su casa.

Personalmente no cuento con semejante conjunto, pero debo reconocer que de vez en cuando sí me gusta vestirme con prendas que podrían llamar la atención. No es sólo una cuestión de tendencias, en mi caso también es una constatación personal, una forma de demostrarme a mi mismo que unos pantalones llamativos no cuestionan mi convencionalismo en tantas otras cosas, ni mi gusto exquisito, por supuesto. Los clubes de la gran manzana no cuestionan tu atuendo en la entrada, aunque eso posiblemente se deba a que algún rechazado habrá ganado un pleito multimillonario contra la propiedad. Si la 1ª enmienda de la constitución americana protege su libertad de expresión, los neoyorkinos han sabido emplearla en toda su dimensión.

¿Quién no tiene un punto extravagante? ¿Tiene algún sentido que tu estilo te impida el acceso a un local? ¿Os habéis sentido juzgados por vuestro aspecto atípico?

-- English version

Don’t you think that we all are somehow extravagant? I’m back again after a few days in the refreshing New York City and ever since I landed in Paella-land I am even more convinced that I totally am a New Yorker for good. President Kennedy said once that he was a Berliner, well good for him; I feel myself as a real westvillager born in the sunny Spain, what can I do? Start packing I guess!

Known to be huge capital city; you may not walk it all in four days but you’ll have time enough to get used to the inspiring idealistic American dream that defines every corner, to emerge from the waters of cosmopolitanism with a radiant mermaid-sort-of-smile and to be more genuinely yourself than anywhere else in the world. Trust me when I say that walking down Manhattan’s avenues you can’t help but notice a bunch of curious people surrounding you – you may consider them freaks, all right – but no one seems to pay attention to them. You can totally jump off the subway in Times Sq dressed as a bullfighter with a fruit bowl as a hat and no one will laugh at you face. Oh don’t misunderstand me, they will notice you, and they will totally die laughing at their place but at least you’ll get the respect you deserve, you foolish Carmen Miranda.
I can’t say that I like such an outfit, but I must confess that every once in a while – maybe more often than what I happen to perceive -, I enjoy dressing myself with rocking outfits knowing that I’ll get more attention than usual. It is not just a matter of trendfollowing – or setting in some cases-, I also do it a self-esteem statement, a way of showing myself that some colourful jeans do not jeopardize my conventionalism in many other issues nor my delicious style. In the Big Apple club’s your attire won’t ban your access, but I wonder if this could be related to a multimillion dollar settlement that a rejected guy could win by suing them for discriminatory treatment, God blesses America. 1st amend of US Constitution protects the free expression of it’s citizens, and Newyorkers have decided to make the most of it.

Don’t you guys think that we all are somehow extravagant? Does it make any sense that someone forbids you the access to a club due to your style? Have you ever felt judged for your outfit?