Es un secreto a voces el descontento general con la Cibeles Madrid Fashion Week. Se ha leído en la prensa nacional, las revistas del sector lo han expuesto abiertamente y digamos que los bloggers hemos instigado también esta sensación haciendo gala de esa flexibilidad tan característica del medio, señalando el malestar general desde el mismo recinto. Estamos para lo bueno y lo malo.
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| Eduardo Noriega se dejó caer por la presentación off cibelina que hizo Miranda Makaroff . Posó durante horas para los fotógrafos, tomó juantónics con todos y fue encantador. |
Y es que la idea de este tipo de plataformas, es dar a conocer las colecciones al mundo en general, unas propuestas que proponen una colección de diseñadores nacionales, unos más asentados y otros mucho menos dimensionados, en las que ofrecen al mundo su peculiar visión sobre la misma temporada del año que viene, y la idea es que el mundo se dé por enterado.
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| Joaquín Reyes de Muchachada Nui también fue una cara amable que se dejó caer por la presentación de la hija de Lydia Delgado, muy muy salao dentro y fuera de la pequeña pantalla. |
Por lo tanto, el público que debe atender a este tipo de eventos, claro está, son los potenciales compradores importantes – no las señoras que se compran un par de vestiditos de la firma, si no aquellos que compran colecciones enteras para ofrecerlas en sus puntos de venta -; la prensa especializada que hará eco en uno u otro medio, y por supuesto, las celebridades, que a su modo también generan difusión de la colección con su presencia en eventos varios. No se trata de simple frivolidad, es uno de los mercados económicos más importantes del mundo, y por lo tanto, es una vez más dinero su principal motor.
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| Sergio Mur, actor catalán, que con su increíble altura y sus facciones perfectas, le convierten en una percha sin parangón; no sé vosotros, pero yo veo algo de Orlando Bloom en él. |
Nos gustarán más, o nos convencerán menos, pero al fin y al cabo, son la plétora de famosos que tenemos en nuestro país, que alimentamos diariamente en los platós de televisión donde se retrata una miseria social que abruma. Los desnudos integrales de la intimidad humana con polígrafo, los llantos incontrolados ante la autoindulgente complacencia o las dinastías que exponen sus disputas por minuta, todo se permite en este país y claro, cuando aparecen caras conocidas, menos ajadas por las cámaras, se siente un soplo de aire fresco y renovador, que lamentablemente, dura lo que dura.























