viernes, 29 de abril de 2011

La real boda inglesa


Bueno, ya pasó. Tras meses de suspiros y auspicios, la gran boda real de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton, ha pasado y lo cierto es que ha dejado el gusto exquisito de la elegancia inglesa. Una elegancia discutible, claro está, habida cuenta de algunos invitados que perpetraron auténticos atentados con sus atuendos – sin ir más lejos, el tocado de la princesa Beatriz que como muy bien dice mi amiga Paz, parecía un alzapaños  por más que la firmara un genio-.

En este tipo de ceremonias, hay que ir con sumo cuidado está claro, los invitados serán escrutados con malicia y por lo tanto la elección del atuendo es cabal. Debe respetar el protocolo, sí, y además debe ir en consonancia con el carácter propio, no en balde no han invitado a un bufón de circo, para eso hay profesionales.

Los príncipes William y Harry, sin duda, fueron impecables. Su sabia elección por un uniforme era previsible, pero igualmente acertada, en sendas versiones elegidas. Y es que el atuendo militar, del que como sabéis soy un gran defensor, es una alternativa excelente si se puede disponer de ello, pero claro, no todo el mundo puede permitirse ese lujo de ir  ataviado con uniforme de coronel de la Guardia Real Irlandesa, como hizo William, incluso el Duque de Edimburgo – por más que nuestra Condesa disponga de su propia versión del mismo –, o de capitán de la caballería Blues and Royals como Harry .

También uniformado acudió el príncipe Felipe, nada menos que de Capitán de la Fragata de la Armada, con la banda de la Orden Victoriana del Reino Unido, que también llevó el Príncipe Michael de Kent, un bonito guiño a los royals locales que seguro que no pasó desapercibido.

Dejando atrás los aires marciales, fueron muchos los ilustres que lucieron con mucho atino el chaqué. Ahí si que os digo que es muy fácil parecer un pordiosero, por más que la levita parezca que dice lo contrario. Guy Ritchie se mostró muy cauteloso con el suyo, manteniendo los tonos grises y con una corbata simplemente anudada, la opción más clásica, mientras que David Beckham, en los mismos tonos, consiguió imprimir una cierta modernidad en su vestimenta, eliminando la raya del pantalón, y con una camisa que resaltaba el pañuelo que se ciño al cuello.

Elton John fue otro de los que supo jugar con la tradición y eligió el tono buff para su chaleco que contrastó con una corbata en malva, un riesgo que sinceramente controló muy bien, posiblemente por la misma corbata, mientras que otros invitados que eligieron tonos similares no tuvieron el mismo efecto. Pero sin duda, el más original, ha sido el invitado que se ha calzado el kilt escocés clásico – pensé que veríamos más – con una chaqueta corta de smoking, con un efecto bastante interesante.

¿Y vosotros, qué habríais elegido? ¿Militar o civil?

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lunes, 25 de abril de 2011

Vida en la calle II

En pleno Wall Street, cámara en mano, un modelo posando para un anuncio de un teléfono móvil. Nunca lo he visto, pero espero que no lo descartaran, el tipo no se inmutó ante el gentío que debajo de él comía un bocadillo.
Algo que con la llegada del buen tiempo me encanta hacer, es pasar tiempo en la calle. Y no sólo me refiero a  hacer un poco de ejercicio al aire libre, que ya os comenté que es una pequeña pasión mía, también ver qué se cuece en nuestras aceras, que siempre tienen mucho que contar.
Unos temazos de Michael Jackson y un saxofon, es todo lo que necesitó este artista para que todas las escaleras del Metropolitan se pusieran en pie a aplaudirle...pocos, eso sí, bajaron a dejar una monedita...luego los catalanes somos tacaños, en fin.
Especialmente me llaman la atención las manifestaciones culturales, que no debe confundirse con que Tita Cervera se ate a un árbol al son de “No a la tala, o me llevo el museo a Orejilla del Sordete!”, aunque reconozco que habría pagado por poder ver ese momento con mis propios ojos y a través de un objetivo.
Delante del Met de Nueva York, una filmación...sueño con que sea una película de Woody Allen, que no estaba claro, y que pueda reconocer la imagen algún día.
Hablo de muestras de la inquietud cultural de la ciudad y sus habitantes, que además suelen retratar muy bien la realidad local. Las filmaciones al aire libre, tanto de anuncios como de películas, o el arte callejero – que muchos galeristas podrían albergar en sus confines en lugar de según qué basuras que uno puede ver por el mundo, e incluso la música en la calle.
En pleno Brooklyn, unos grafiteros decoraban una pared sin tener que ampararse en la oscuridad de un callejón.

En Nueva York ver estas manifestaciones es una cuestión de simple observación, no creo ni que el azar influya. En menos de 48 horas yo pude ver una filmación, dos shootings fotográficos, un artista de jazz que nos hizo mover a todos los pies y a unos artistas grafiteros decorar con todo el permiso del mundo, una pared con un mural colosal. Ah y una manifestación antisistema en la Fashion Week de lo más entretenida.
Los antisistema. Por favor las caras y los peinados de estos chicos, que espero que no fuesen enviados especiales de Converse para boicotear la MB Fashion Week, qué grandes.
Pero no nos sintamos pequeños, en nuestras calles también hay mucho arte, y no sólo hay trileros y mimos, sin desmerecer a nadie claro, pero sí que es cierto que cuesta algo más encontrarlos, tal vez porque con las sombrillas de las terrazas no podamos ver bien el panorama.
No sé quiénes son, ni qué diablos hacían así en la calle, pero había una jauría de gente mirándoles y un fotógrafo lanzándoles ráfagas y ellos ni se inmutaron. 


¿Vosotros conocéis algún rincón especial?

domingo, 10 de abril de 2011

Los secretos de la piel

Hace un par de meses comenté en mi twitter que empezaba un nuevo tratamiento de belleza,  una de esas afirmaciones que uno lanza al ciberespacio sin saber muy bien la razón y que sorprendentemente tienen mucha acogida. No quiero decir con eso que me convirtiera en Elena Francis de  la noche a la mañana, pero sí que más gente de la que esperaba me apremió a dar detalles. Bien tras dos meses de tratamiento, lo cierto es que estoy francamente encantado y ahora sí que puedo compartir con vosotros mi experimento, sin trampa, ni cartón, ni sponsor ni mecenas de la vida, aunque se aceptan todo tipo de proposiciones indecentes en este mi humilde blog.

Gel limpiador de Avène. Es simplemente magnífico, y además no es dañino a pieles sensibles como según que scrubs o soluciones de jabón.
Muchos me han preguntado sobre el secreto de mi piel. No quisiera gafarla, pero lo cierto es que tengo una piel bastante agradecida, muy buena para qué andarnos con falsas modestias...si todo lo tuviera así de bien, otro gallo me cantaría, de eso estoy convencido. El caso es que, como todo, hay una parte importante que es dotación genética, y junto con la ausencia de una altura de infarto o una cintura de avispa, por lo menos llegó este cutis tan envidiado entre mis amigos.

Bueno, pues con todo, yo reconozco que dedico un cuidado especial a mi piel, ya que tengo algo bueno, mejor cuidarlo que echarlo a perder. Bien, mi consejo principal es visitar un dermatólogo, sí, casi 250 palabras después este es mi primer consejo. Pero dicho esto, sí que hay cosas que no dañan a nadie, digo yo.
La línea Facial Fuel de Kiehl's es especial para hombre y tiene algún tipo de hierbabuena en la crema que refresca más que un jarro de agua fría. 

Primero, lavarse la cara con un producto especial: no te frotas la espalda con la escobilla del baño, tampoco tienes que hacer una barbaridad a tu cara. Yo uso normalmente uno de farmacia, de la marca Avène, inocuo y sin jabón, no daña el pH de la piel y elimina grasas e impurezas…señores, la cara hay que lavarla, que lo dicen las madres desde que el mundo es mundo. En el tema de hidratantes de cara, es precisamente donde hay mi novedad.
Mi última incorporación, los Proteoglicanos de Martidem. Son simplemente alucinantes, te dejan la piel como el culo de un recién nacido y aunque deja un poco de brillo al aplicarlos, desaparece rápidamente.

Hasta la fecha siempre he usado los productos de Kiehl’s, que además de ser simplemente maravillosos, tienen un precio muy aceptable considerando la cantidad de atrocidades que la gente paga por una crema. Pero estos dos últimos meses, además he intercalado un producto menos conocido: los Proteoglicanos, de Martiderm.  Tras este nombre de guerrero púnico, se esconde una proteína que se encuentra también en la membrana de nuestras células y que hidrata como si te sumergieras en un barreño de parafina derretida, pero sin dejarte la cara hecha un cirio.  No es un efecto inmediato, pero sí que se nota la diferencia.
La protección solar es imprescindible también y Anthelios XL la nueva gama de La Roche - Posay es simplemente ideal, seguro que te cubre contra tsunamis y desventuras del corazón.

Y muy importante, la protección del sol. A todos nos gusta tener un poco de tono en la piel, y ahora que llega el buen tiempo parecemos ingleses en el levante español, ansiosos por tostarnos rápidamente. Bien, pues a parte de los efectos dañinos más serios, se castiga mucho la piel así que cuánto antes empecemos a protegerla, más fácil es que no terminemos pareciendo una uva pasa cuando llegue el otoño a nuestra vida. Yo os recomiendo Anthelios, de La Roche-Posay, que protege de los UV A y B, que son menos conocidos e igualmente malérrimos.

¿Y vosotros, tenéis algún truco que compartir y que no requiera tener una cuenta en suiza para costearla?

lunes, 4 de abril de 2011

Vida en la calle

Quién dice que sólo se puede correr en la cinta o en un parque? Sin faltar, pero si el Manzanares tuviera una vista como la del Brooklyn Bridge, habría colas de gente.
Como os decía el otro día, la primavera está aquí y que para mí, uno de los secretos para poder sobrellevar el cambio de estación sin convertirnos en auténticos psicóticos con las hormonas por el techo, es pasar un poco de tiempo al aire libre. El sol, señores, el sol y el buen tiempo nos atemperan justo lo que necesitamos.


Pasear en bicicleta por la ciudad, con ese estilazo además, me parece una idea total. Está claro que en España, con la medida media que tienen los pisos de la ciudad, hay que optar por una bicileta plegable.
  
Es muy posible que os parezca una tontería, pero hacer deporte al aire libre es el camino de la aceptación de nuestros cuerpos.  Olvidaos de la dieta de disociación que está en todos los estantes, ni penséis que la restauración con productos de alta cosmética es el mejor método de autocomplacencia: hacer un poco de deporte al sol nos hace segregar endorfinas, que nos hacen sentir euforia, y además cogemos  un poco de color mientras nuestro cuerpo se asemeja un poco más a ese junco como queremos, lo que nos hace sentir seguros de nuestro aspecto y eso, queridos, es mejor que un tónico o que un centímetro menos de cintura.
Las clases de Spinning de mi gimnasio están más llenas que una caseta de la Feria de Abril. Más calle señores, y menos mallas. 
En España cada día más, empezamos a ver a algunos osados que desafían el tráfico por las calles con sus carreras sin fin, o que se cimbrean por nuestros parques con patines en línea, o unos blanquecinos los turistas que sólo han visto el sol en los folletos de publicidad y se tumban a la bartola en cualquier esquina  atentando, en su mayoría, contra nuestro buen gusto, pero lo cierto es que solo si el terraceo se considerase un deporte, seríamos los españoles  de a pie los que tendríamos un lugar en el podio asegurado por deporte al aire libre.
La siesta señores, la siesta que es nuestro deporte más conocido, al aire libre es otra cosa, simplemente.
  
En Nueva York, San Francisco y algunas otras grandes ciudades americanas, no me atrevo a decir en Estados Unidos porque la verdad es que vistas las tasas de obesidad mórbida está claro que ahí muchos ni mastican por no cansarse, el estilo de vida saludable es contagioso. Uno no puede evitar ver a personas de todas las edades y afiliaciones practicar cualquier tipo de deporte al aire libre. Clases de yoga en un parque en el centro, marcha nórdica por dentro de la ciudad o Tai Chi en la orilla del mar, son realidades frecuentes y a nadie le sorprende.
Nunca se es demasiado joven para empezar, ni demasiado mayor para animarse no?
Y cuando llegas a estas ciudades, aunque seas adicto a las cañas con aceitunas en una terraza de bar, te invade la necesidad de sudar en público y adoptar ese modus vivendi como una realidad en nuestra casa, pero la realidad es que en la mayoría de casos las ganas se quedan dentro de la maleta, esperando nuestro próximo viaje. Bien, pues esta primavera, con el cambio de armarios, no olvidéis de sacarlas de la maleta, porque creedme si os digo, es la mejor forma de sentirnos bien.

Y vosotros, hacéis algún tipo de deporte al aire libre, o sois más de pinchar boquerones al sol?